Publicidad:
Terra
La Coctelera

La casualidad favorece a las mentes entrenadas

La casualidad favorece a las mentes entrenadas

20 Enero 2010

Ranki y Cheikh Baye Fall

En la presentación de la película Princesa de África

Y esta con Bebe increible también...

 

servido por aran sin comentarios compártelo

20 Enero 2010

La Unión Europea: Una perspectiva crítica

Creo que es buen momento para escuchar un poquito opiniones alternativas respecto a la UE.

 

 

Charla-Coloqio organizada por "Campaña Otra Europa Posible" y celebrada en Cáceres el 12 de enero de 2010.
 
 
Tags: carlos taibo

servido por aran sin comentarios compártelo

19 Enero 2010

Happy Birthday !

Hoy cumpliría 67 años...

 

 

Tags: janis joplin

servido por aran 2 comentarios compártelo

16 Enero 2010

Haití: el coste de pretender ser libre

AGNESE MARRA
Esta pequeña isla caribeña es una de las más pobres del planeta. Su población vive bajo la miseria, la violencia y el desamparo. Un país ocupado militarmente por Estados Unidos y con una ayuda humanitaria (ONU) que ha provocado tantas muertes como los dictadores que han pasado por su historia política. ¿Sólo hoy preocupa Haití?
NUEVATRIBUNA.ES - 13.01.2010

Todos los periódicos digitales abren con la noticia: "Haití devastado". Un fuerte terremoto ha hundido todavía más al país caribeño y la comunidad internacional se muestra azorada. Los países se pelean por contar quién ha mandado antes la ayuda humanitaria. Mandatarios mundiales expresan su tristeza y su solidaridad con los haitianos. El cinismo vuelve a formar parte de la historia de este pequeña isla que sólo tiene cabida en los medios gracias a un terremoto o a un tsunami con nombre femenino.

Más allá de la terrible cifra de muertos que se lleve esta inclemencia climática. Más allá de las edificaciones derrumbadas (ya tenía pocas) y más allá de la previsible hambruna (todavía más) que provocará el seísmo. Es necesario mirar un poco atrás para entender por qué Haití es el país más pobre de América Latina. Por qué Haití está poblado de miseria y violencia que sólo nos viene a la memoria cuando nos encontramos delante catástrofes inevitables. Ante las evitables preferimos quedarnos de brazos cruzados.

Esta isla ubicada frente a República Dominicana, tiene una superficie de 27 mil kilómetros cuadrados en la que viven alrededor de diez millones de personas. Sus records de miseria se pueden encontrar cuando se echa un vistazo al Indicador de Desarrollo Humano, donde Haití se ubica en el número 150 (de 177) al lado de los más postergados países africanos.

El 80% de los haitianos viven en condiciones de extrema pobreza. La mortalidad infantil es de 80 por cada mil nacidos. La esperanza de vida ha bajado a los 49 años. El analfabetismo supera el 70% en las zonas rurales. Agua potable o electricidad son productos de lujo y la oscuridad es una situación habitual por las calles de la isla.

La economía es una crisis permanente. El 70% del presupuesto procede de las remesas de los inmigrantes que se reparten fundamentalmente entre Estados Unidos y su vecina República Dominicana y que ofrecen al país alrededor de 700 millones de dólares. El resto de los recursos llegan mayoritariamente de la ayuda internacional, cada año más escasa. El 98% de su bosque está desforestado. Sus tierras estériles, una buena metáfora del país, sólo ofrecen miseria. La superpoblación y su demanda de leña y madera, así como la explotación del carbón, han provocado la erosión del suelo y la tremenda escasez de agua potable. El 4% de su población, controla el 64% de su riqueza.

El fracaso estructural del país lo explica con precisión José Luis Rodríguez, brasileño y profesor de historia que trabaja en proyectos de cooperación en Haití. El historiador señala que este país vive al menos tres graves crisis estructurales: económica, ambiental y política. A pesar de ser un país con una mayoría de habitantes en el sector rural, ésta apenas posee tierras. Los incentivos o posibilidades de explotarlas con eficacia son escasos. Las políticas neoliberales de las últimas décadas han destruido la capacidad productiva nacional. Según el profesor, en 1970 Haití producía prácticamente el 90% de su demanda alimentaria y, actualmente, se importa cerca del 55% de todos los géneros alimentarios que se consumen. El ambiente está devastado por el uso intensivo de tecnologías nocivas, el consumo masivo de carbón y la deforestación, señala Rodríguez en el blog Viva Paraguay .

Para entender la estructura política del país nuevamente hay que mirar al pasado para descubrir por qué Haití hoy es un país controlado por Estados Unidos, ocupado militarmente y uno de los focos de corrupción y narcotráfico más importantes de América Latina.

LOS COSTES DE LA INDEPENDENCIA

No todo ha sido miseria en Haití. Esta pequeña isla puede presumir de haber sido el primer país latinoamericano en proclamar su independencia (de Francia en este caso) y el primer país del mundo en abolir la esclavitud. Fue en 1804 cuando los haitianos entusiasmados por las ideas libertarias de la Revolución Francesa (igualdad, fraternidad, libertad) lucharon por su emancipación. Para los sometidos la revolución haitiana era un ejemplo, pero las oligarquías coloniales veían en Haití a su peor enemigo.

Muchos historiadores hablan hoy del alto coste que ha tenido que pagar esta pequeña isla por su enfrentamiento a la potencia colonial. Con su independencia, Francia perdía cifras millonarias (en el s.XVIII el 75% de la producción mundial de azúcar salía de este país). Pero el país galo no se marchó con las manos vacías ya que exigió una elevada suma a modo de indemnización por haber perdido esa próspera colonia.

El pago de esa deuda dejó a Haití en una nueva situación de dependencia que empeoraba con un bloqueo total que le hicieron a la isla, también promovido por Francia.

En pocos años Haití volvía a ser un país dominado. El relevo lo tomó Estados Unidos en 1849 cuando comenzó a enviar a la isla barcos de guerra para presionar a las costas haitianas. Ante la negativa de los haitianos a firmar una Constitución dictada por Estados Unidos, los norteamericanos decidieron ejercer la política que mejor conocen: invadir militarmente al país caribeño. Allí se quedaron 20 años bajo un dominio absoluto y con decenas de masacres y una represión campesina continuada que se cobró la vida de más de 15.000 haitianos.

Estados Unidos con una permanente ocupación militar, fue quien se encargó de promover las dictaduras bajo el mando de Papa Doc Duvalier, y luego su hijo, Baby Doc Duvalier, que entre los años 1957 y 1986 aniquilaron a millares de personas en nombre de la llamada "lucha contra el comunismo".

La llegada de la democracia en 1991 tampoco aportó grandes cambios. Fue elegido presidente el sacerdote Jean Bertrand Aristide. El religioso se enmarcaba dentro de una ideología de ‘izquierdas' con programas políticos orientados a corregir las injusticias sociales que se acumulaban en el país. Sus primeras ideas no gustaron a las oligarquías haitianas y mucho menos a Estados Unidos. Aristide fue derrocado a los ocho meses y enviado al exilio. En la isla se reanudaron las persecuciones y la desarticulación de toda organización política. En 1994 regresaba Aristide (ayudado por los norteamericanos) quien se perfilaba una vez más como el salvador.

Sin embargo en este mandato y en el posterior (2000) cuando ganó las elecciones ampliamente, sin ningún candidato opositor, su política fue bastante distinta. En esta etapa el sacerdote Aristide ya había olvidado las ideas por las que se dio a conocer. Sus ideales dieron un giro de 180 grados y se le acusó de enriquecerse indiscriminadamente gracias a sus negocios y concesiones como las que dio a las empresas telefónicas norteamericanas. La inestabilidad social y política era más fuerte que nunca y la bomba estalló en 2004 cuando Jean Bertrand Aristide, "abandonó el país" obligado por Estados Unidos.

En los dos años siguientes Haití volvió a estar bajo el mando de tropas internacionales. En 2006 se produjeron elecciones presidenciales para sustituir al presidente interino Boniface Alexandre. Su sucesor fue el actual presidente René Préval, en la línea de la segunda etapa de Aristide.

EL PAPEL DE LA ONU: UN ARMA DE DOBLE FILO

La creciente inestabilidad política ha sido la excusa perfecta para tener al país en manos ajenas. La Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH) es un ejército multinacional compuesto por 9.080 uniformados, 487 funcionarios internacionales, 1.211 funcionarios haitianos y 207 voluntarios de la ONU, con un presupuesto de 611,75 millones de dólares anuales.

La mayoría de los países que conforman la MINUSTAH son latinoamericanos. Participa Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay entre otros. Después está el omnipresente Estados Unidos, junto con países más curiosos como Nepal, Sri Lanka y Jordania.

Si embargo el ‘trabajo humanitario' de este ejército no se conoce en el país tanto por su ayuda como por su violencia. Los ejemplos se multiplican. Una de las fechas más señaladas fue el 22 de diciembre de 2006, cuando las fuerzas de MINUSTAH arrasaron contra la población haitiana por una manifestación que pedía el retorno de Aristide. Las fuerzas de la ONU acabaron con la vida de 30 personas incluyendo mujeres y niños.

En mayo de 2008, cuando el Congreso de Haití sancionó una ley de aumento del salario mínimo, de dos a cinco dólares diarios, la oligarquía del país presionó al presidente René Garcia Preval para no promulgar la ley ya aprobada por ambas cámaras legislativas, con amenazas de despedir a cerca de 25 mil trabajadores del sector manufacturero. Un grupo de estudiantes universitarios inició una serie de movilizaciones por el derecho de los trabajadores, que fue luego seguida por organizaciones sociales y la ciudadanía. La policía local intervino, con colaboración directa de la MINUSTAH, reprimiendo brutalmente las manifestaciones.

En el mismo año (2008) pero en el mes de junio, tras la muerte de un dirigente político local, centenares de personas acudieron a su entierro. "Inexplicablemente, militares de la MINUSTAH dispararon contra el cortejo, del que muchas personas salieron asesinadas y heridas", comenta el historiador José Rodríguez.

Varios informes de Amnistía Internacional han denunciado casos similares de violencia, asesinatos, detenciones ilegales, censura mediática, cárceles abarrotadas de prisioneros sin garantías, entre otros casos.

El dirigente Henry Boisrolin, del Comité Democrático Haitiano, ha afirmado en diversas ocasiones como Haití se encuentra en una situación de dominio militar, a pesar de los esfuerzos por llamar a la MINUSTAH ‘ayuda humanitaria': "Nosotros la rechazamos porque entendemos que es una violación de nuestra autodeterminación, de nuestra soberanía y dignidad como pueblo", ha señalado Boisrolin.

Este miércoles los diarios se desviven por dar a conocer las cientos o quizás miles de víctimas del terremoto. Naciones Unidas muestra su mejor cara y denuncia la dura situación que sufre Haití. Pero el día a día de los haitianos es mucho menos mediático y no por ello menos terrible. Hay que mirar a su historia y su presente más cercano para darse cuenta que el futuro de este país está en manos de fuerzas ajenas que se han empeñado en someterlo y expropiarlo. Las mismas fuerzas que hoy claman por darle ayuda.

Tags: haiti

servido por aran sin comentarios compártelo

15 Enero 2010

Los pecados de Haití_Galeano

La democracia haitiana nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó. Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto.

El voto y el veto

Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.

Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole:

-Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.

La coartada demográfica

A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema:

-Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede.

Y se rió. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Winfried Wolf, consultó las cifras. Y comprobó que Haití es, con El Salvador, el país más superpoblado de las Américas, pero está tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quilómetro cuadrado.

En sus días en Haití, el diputado Wolf no sólo fue golpeado por la miseria: también fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y llegó a la conclusión de que Haití está superpoblado... de artistas.

En realidad, la coartada demográfica es más o menos reciente. Hasta hace algunos años, las potencias occidentales hablaban más claro.

La tradición racista

Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma, que tiene "una tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad física de civilización". Uno de los responsables de la invasión, William Philips, había incubado tiempo antes la sagaz idea: "Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses".

Haití había sido la perla de la corona, la colonia más rica de Francia: una gran plantación de azúcar, con mano de obra esclava. En El espíritu de las leyes, Montesquieu lo había explicado sin pelos en la lengua: "El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro".

En cambio, Dios había puesto un látigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distinguían por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza y vagos también por naturaleza, y la naturaleza, cómplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo debía servir al amo y el amo debía castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino. Karl von Linneo, contemporáneo de Montesquieu, había retratado al negro con precisión científica: "Vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas". Más generosamente, otro contemporáneo, David Hume, había comprobado que el negro "puede desarrollar ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras".

La humillación imperdonable

En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores.

La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.

El delito de la dignidad

Ni siquiera Simón Bolívar, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplomático del país negro. Bolívar había podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya España lo había derrotado, gracias al apoyo de Haití. El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra.

Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad.

La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.


Tomado de:
Brecha 556, Montevideo, 26 de julio de 1996.

Tags: galeano

servido por aran 1 comentario compártelo

14 Enero 2010

Barmorhea

Y por si no se te ocurre qué escribir... 

 

Tags: barmorhea

servido por aran sin comentarios compártelo

12 Enero 2010

Aminata Traoré: "Para Ayudar a África hay que comprenderla primero"

Miércoles 1ro de marzo de 2006, por Fernando Gotilla

Aminata Traoré nació hace 58 años en Malí, cuna de una de las civilizaciones más esplendorosas de África, cuando desde París se manejaban los hilos de medio continente. Siendo una niña vivió la llegada de la independencia y, después, los sueños rotos que la siguieron: el socialismo pervertido, la dictadura, el partido único, la corrupción, la democracia, las medidas de ajuste estructural... Hoy, su país, gran productor mundial de algodón, es uno de los más pobres del planeta, mientras la antigua metrópoli ejerce todavía su poder en la sombra.

Aminata es la voz africana del movimiento alterglobalización. Principal impulsora del primer FSM celebrado en África. Mira al mundo desde el Sur. Un lugar desde el que todo se ve muy distinto. Su voz africana, profunda, ha resonado estos días en Bamako, capital de Malí, donde se acaba de celebrar la sexta edición del FSM. Por primera vez, África ha acogido la cita anual de los que buscan alternativas a la globalización neoliberal y ella es quien lo ha hecho posible. Doctora en psicología social y psicopatología, ex ministra de cultura, consultora de la ONU, activista, líder comunitaria, escritora..., Aminata es África, la de ahora y esa otra con la que sueña.

Uno de los economistas más influyentes del mundo, Jeffrey Sachs, dice que se puede acabar con la pobreza en 20 años, ¿cómo lo ve?

La cuestión no es la pobreza en sí, sino el mecanismo que la crea y la hace crecer. Si la cooperación internacional, la ayuda, significa crear una estructura mundial para que Europa y EE UU puedan ir a cualquier país y tomar lo que les venga en gana, entonces nunca se resolverá el problema, porque, en realidad, no es ese su objetivo.

¿Afirma que erradicar la pobreza choca contra los intereses de los países ricos?

Arrebatarle la riqueza a la gente y después fingir que se le quiere ayudar..., si no fuera tan triste, sería como para morirse de risa. De hambre, en este caso. ¿por qué habrían de cambiar su modo de actuar? Nos roban de un lado, nos devuelven unas migajas y lo llaman "cooperación".

El plan de ayuda a África propuesto por Tony Blair al G8, ¿no cree que puede ser el inicio de un cambio a largo plazo?

No. Blair tiene problemas de credibilidad en su país por la guerra en Irak. África es excelente para limpiar su imagen. Pero al final siguen sin hacer lo que hay que hacer para auxiliarnos.

Suele decir que la globalización es una guerra...

Y tiene una agenda oculta. El objetivo de una guerra es dominar a los demás, otro país, el mundo... Las armas de la globalización son nuevas. Sin embargo, ésta no es una contienda honesta. Se libra contra personas que no son conscientes de esa dominación. La globalización no es otra cosa que occidentalización. Occidente quiere ser el centro del mundo.

Y África, ¿qué papel juega en todo esto?

Le daré algunas cifras: el 50 por ciento de las víctimas de las guerras está allí, la mayoría de los refugiados del mundo son africanos; nuestros niños son carne de cañón, pobreza, epidemias... Si hay una región en el mundo que paga un pesado tributo al mundo actual es África. ¿Lo merecemos? ¿Somos unos inútiles? No, la prosperidad del Norte está asentada en la explotación de otros lugares del planeta y éste contribuye enormemente. Los occidentales no ven el mundo al completo.

Habla del Foro Social Mundial como la gran oportunidad de la sociedad civil africana. ¿A qué se refiere?

En los países ricos, el debate gira alrededor del tipo de liberalización, el ritmo de la misma que la gente puede soportar... En África, los medios de comunicación dicen: "Ya que la globalización está ahí hemos de adaptarnos". Pero no es para nosotros, sino contra nosotros. Tenemos que organizarnos para que no nos destruya.

A su país se lo empieza a conocer como la 'fábrica de inmigrantes'.

España también lo ha sido hasta hace poco y por razones parecidas: buscar mejores horizontes, dinero. A todos les gustaría quedarse donde han nacido, con su familia, sus amigos, sus referencias culturales...

¿Cómo ven los gobiernos africanos este éxodo?

Nuestros gobiernos sólo rinden cuentas a los países ricos. Así que los europeos no deberían sorprenderse si, como resultado de más crisis y más desempleo en África, ven llegar mucha más inmigración ilegal a Europa. Si los líderes demagogos consiguen organizar sus milicias en los países en guerra, es porque los jóvenes no tienen perspectivas.

¿Es posible cambiar el modelo económico africano, basado en la exportación y los monocultivos?

Llamarlo así no es correcto. Si fuera un modelo nuestro nos beneficiaría a nosotros. Desde la colonia nos hicieron creer que la única forma de desarrollo posible era producir para la exportación. Sembramos café, cacao, soja, pero ni siquiera nos quedábamos con los beneficios. Malí se lo jugó todo al algodón y se convirtió en el mayor productor del mundo. Al mercado le interesaba esta apuesta y nos prestó dinero. Pero la deuda es para comprar lo que te lleva a la ruina. Nos engañaron.

¿La deuda es la nueva forma de dependencia?

No sólo la deuda, somos tres veces dependientes: de los capitales, de la tecnología y de los expertos. Y ni siquiera podemos competir. Los ricos subvencionan su algodón para contentar a sus agricultores. Y como debemos tanto, viene el Fondo Monetario Internacional y nos impone un programa de ajuste estructural (reducir el gasto público, aumentar impuestos, abrir las aduanas y el mercado interior...) comprometiendo las inversiones en educación y salud. En África, el ser humano es secundario.

¿África pasa hambre porque dejó de cultivar lo que necesita para comer?

Es difícil saberlo. Malí dejó de cultivar mangos y tomates para satisfacer las necesidades de la población y se introdujo la lógica mercantil en el tejido social. Dedicamos todos nuestros recursos al desarrollo de los cultivos comerciales que interesan a los países ricos. Y al cabo del tiempo, Occidente se lamenta: "¡Oh, África, tiene hambre! Debemos enviarles comida".

¿Qué opina de iniciativas como los macroconciertos solidarios del tipo Live 8?

Es demasiado ver a Blair junto con Bob Geldof lamentarse por África y organizar un acto con grandes celebridades. Todo esto de los conciertos reivindicativos sólo contribuye a agravar el asunto de la falsa ayuda, limpiando la conciencia de la gente. Es una ceremonia de catarsis colectiva y nada más.

¿Acusa a gente como Geldof o Bono de hacer el trabajo sucio a los políticos?

Geldof se ha convertido en un instrumento del sistema, aunque no creo que él sea consciente de ello. No queremos que nadie piense por nosotros.

¿Cómo ve a las ONG que trabajan en África?

No creo en las ONG caritativas. El problema es que las asociaciones y ONG que trabajan con fondos públicos se niegan a preguntarse por las malas acciones de la globalización.

La cooperación, sin embargo, puede funcionar. Usted misma aprovecha financiación extranjera para rehabilitar una barriada de Bamako...

La propia palabra lo dice: cooperar, trabajar juntos. Ese es el tipo de cooperación que aceptamos. No se puede llegar e imponer sin contar con la gente a la que, dicen, quieren ayudar. No ayudarás a África con dinero si no la comprendes primero.

Suele decir que Occidente ha triunfado a la hora de hacer que los africanos se enfrenten entre sí.

Así es. No podemos debatir asuntos políticos sin que las elecciones se conviertan en una oportunidad para matarnos los unos a los otros. Nadie cuestiona a los que toman las decisiones. Los políticos recurren al fraude, el soborno o las armas para no dar explicaciones. Las elites los apoyan con dinero, muchas veces procedente de la cooperación internacional, para aplicar políticas que se deciden en Washington, Bruselas y París.

¿No hay ningún país donde las elecciones hayan promovido cambios reales?

Sólo han servido para legitimar la depauperación de nuestros países. En el Tercer Mundo, para Occidente, "democracia" significa organizar elecciones y elegir a unos representantes. Al final, los elegidos representan los intereses de los países ricos. Es más, Occidente sólo promueve elecciones donde sabe que ganarán quienes les interesan a ellos. Y si no, le harán la vida imposible al ganador, como en Venezuela.

Política-economía-cultura son, para usted, términos inseparables. ¿Alguien le escucha en África?

Para nada. A los políticos no les preocupa la dimensión cultural, porque obtienen financiación de las instituciones multilaterales, que sólo confían en su propio concepto de desarrollo. Todos estos sujetos van por ahí desesperados por atraer inversión extranjera.

El inversor extranjero lo es todo, la gente no es nada. De su llegada se benefician todos, salvo el pueblo de Malí. Y cuando aparecen, traen la corrupción, contaminan nuestros ríos, nuestros ecosistemas, pagan salarios más bajos que en su país de origen a nuestra gente... ¡Dios mío, si tuviéramos un solo gobernante con valor para intentar cambiar las cosas!

Bueno, ya han tenido algunos, ¿no?

Desde los primeros días de la independencia, todos los líderes africanos que se atrevieron a decir: "Queremos ser nosotros mismos", fueron considerados una amenaza para Occidente. Y, por consiguiente, eliminados o derrocados.

¿Cómo cambiar la forma en que se ve a África?

Es difícil. Las antiguas metrópolis intentan reescribir la historia, diciendo que el periodo colonial fue útil para nosotros. Este debate ocurre ahora en Francia (se refiere a una ley de educación que obliga, en la asignatura de historia, a dar una visión positiva de la colonia). Se trata de culpar enteramente a los africanos y alimentar la mala imagen que se tiene de nosotros.

¿Cuáles son los clichés que más le molestan?

Occidente mira al resto del mundo en términos de tener o no tener. Lo peor que le puede ocurrir a alguien es carecer de cosas materiales: "¡Oh!, ¿cómo alguien puede ser tan pobre?". Sus valores y referentes se basan en el consumo. Se supone que es el mejor modo de vida conocido. Este es su imaginario y el que aplican para juzgar a todos los demás.

En su libro La violación del imaginario (Ed. Sirius) se queja de la incapacidad de los africanos para pensar por sí mismos...

Sí, es una especie de lavado de cerebro. La imagen que alimentas de ti mismo se ha creado en el exterior. Todo pasa por las palabras. La mayor parte de ellas no tiene traducción en nuestras lenguas. Los derechos del hombre, por ejemplo, son una invención del Norte. No pongo en duda la importancia de los valores, sólo digo que el Norte se ha apropiado del derecho a definir el mundo. La rehabilitación de nuestro imaginario violado es un reto económico, político y cultural.

¿Reivindica usted los tiempos previos a la colonia?

El orden neoliberal quiere transformar nuestras economías y sociedades por encima de nosotros, destruyendo nuestra visión del mundo y de nosotros mismos. No digo que el pasado fuera un paraíso; trato sólo de recordar a África que debe saber extraer lo mejor de su patrimonio cultural y socio-religioso.

Lo anterior a la colonia y la independencia era la venta a Europa y América de los propios africanos...

Así es. Ya sea sobre el plano económico, político, moral o humano, la trata de negros tuvo efectos terribles. Duró tres siglos y medio, hasta que la colonización tomó el relevo. Luego las independencias fueron presentadas como una mejora, pero, en términos de explotación, han sido mucho más eficaces. Hemos ido pasando de una forma de sometimiento a otra.

Usted era una niña cuando Malí obtuvo la independencia. ¿Cómo recuerda aquellos tiempos?

Para mi generación, la independencia dio lugar a una doble búsqueda: personal y nacional. Los líderes que emergieron tenían una fe tan grande en África que todo parecía posible. Crecí en esa atmósfera. Pero la Guerra Fría dividió África. Los esquemas que vinieron del Este tampoco sirvieron. Se obligó a los campesinos a organizarse en estructuras colectivistas que no tenían nada que ver con nosotros.

Desde hace años trabaja por la integración social de la mujer africana. ¿Cómo es la situación actual?

Cada vez hay más mujeres apoyando todas estas ideas de cambio de las que hablo. Pero sus preocupaciones siguen siendo no enfermar, sobrevivir al parto y que el marido tenga trabajo. Les gustaría ir a la escuela, pero, en los 80, el Banco Mundial dinamitó las iniciativas de algunos países para implantar la educación universal.

España aprobó una proposición de ley que permite perseguir la ablación del clítoris cuando se produzca fuera de nuestras fronteras. ¿Qué le parece?

La ablación es un problema grave, pero los que dicen luchar "por la dignidad de la mujer africana" ignoran el entorno en que se produce. Las mujeres mueren de hambre, de sed, por falta de asistencia médica.., pero están más interesados en su clítoris que en conocer sus verdaderos problemas. La destrucción de África es mucho peor que la ablación. Si se hiciera algo para evitar la primera, sería más fácil combatir la segunda.

En Liberia acaba de ser elegida la primera presidenta de África, ¿es una anécdota o un gran avance?

Es un gran avance. La cuestión es si tendrá oportunidad de cambiar las cosas o acabará poniendo en práctica políticas dictadas desde Washington.

¿Qué cambiaría si fuera presidenta de Malí?

No está en mi agenda, pero el debate sobre la cultura es esencial. Hay que relanzar la producción, la de bienes, pero también la del sentido común, los valores morales, responsabilizar a nuestros dirigentes... Debemos luchar por la reapropiación de nuestro destino.

Esta entrevista ha sido publicado en Umoya (Federación de Comités de Solidaridad con el África Negra) el pasado 31 de enero.

servido por aran sin comentarios compártelo

11 Enero 2010

Yemen, shit

Sería un error pensar que el mundo cambió porque un joven millonario nigeriano educado en Londres quiso detonar un explosivo plástico en un avión cargado de pasajeros que aterrizaba en Detroit el día de Navidad, pero falló porque se hizo pis encima y mojó el dispositivo.

La Guerra contra el Terrorismo declarada por George W. Bush y continuada por Barack Obama está cerca de cumplir diez años. No es una guerra que se lleva a cabo solamente en Iraq, Afganistán o en los aeropuertos estadounidenses, y que ahora se extiende a un pequeño y empobrecido país árabe llamado Yemen. Es una guerra que se pelea en cada país donde existe un gobierno o una insurgencia islamista. En Somalia, en Palestina, en Indonesia, en Pakistán, en Líbano, en Argelia, en Chechenia. Y también en las potencias occidentales, cuyos habitantes son blancos cada vez más frecuentes de atentados, ya sea en territorio propio como en las embajadas, discotecas y hoteles de lujo de sus antiguos enclaves coloniales.

Más allá del valor estratégico de cada escenario y de los intereses económicos que siempre pesan, se trata de una guerra de raíz cultural, un choque de civilizaciones, diría Huntington, que se expande por todo el mundo. Esto es, con la notable excepción de América latina, al menos desde el ataque a la AMIA a esta parte, atentado cuyo móvil está aún muy lejos de esclarecerse.

Fracasadas las grandes iniciativas globales que se intentaron el año pasado, desde el acuerdo comercial en Doha hasta el tratado medioambiental en Copenhague, pasando por un acuerdo de paz en Medio Oriente que murió antes de nacer, el 2010 comienza con Estados Unidos otra vez en pie de guerra. Toda la semana se habló de reuniones, discursos, traslados, visitas, estrategias e iniciativas vinculadas a la amenaza terrorista proveniente de Yemen, país donde habría conseguido los explosivos el incontinente nigeriano.

Yemen es la única república de la Península Arábiga y el país más pobre de la región. En el 2007 el nivel de desempleo alcanzaba el 40 por ciento. Es un país que cuenta con un gobierno central débil, con fama de corrupto, apoyado por Estados Unidos, cuyo dominio no se extiende mucho más allá de la capital, rodeado por organizaciones tribales que en conjunto ejercen el control territorial sobre gran parte del país. En su interior cuenta con zonas montañosas donde los insurgentes pueden esconderse, y figura bien arriba en el ranking mundial de atentados terroristas sufridos en los últimos años.

Muchos de sus jefes tribales son musulmanes conservadores que tienen influencia sobre el liderazgo de las fuerzas armadas yemenitas, y que ven con desconfianza cualquier acercamiento de su gobierno con Washington. Con esos líderes religiosos musulmanes y a través del ejército yemenita musulmán, los espías de Occidente deben negociar permisos de captura para perseguir a los jefes musulmanes de Al Qaida en las montañas.

Todos los días los yemenitas ven pasar por el estrecho de Aden los buques cargados de petróleo de sus vecinos ricos gobernados por monarquías que nunca ofenden el espíritu democrático y republicano de los sucesivos habitantes de la Casa Blanca.

Hasta que un día un nigeriano se hace pis encima y apaga una mecha pero enciende otra. En medio de todo el circo mediático, militares, espías, abogados, armas y decenas de millones de dólares provenientes de Estados Unidos y su aliado incondicional, Reino Unido, desembarcaron esta semana en Saná, la capital yemenita. El súbito interés no conmovió al gobierno yemenita, sino que lo puso a la defensiva.

El canciller de ese país se apuró en decir que no quiere tropas de combate extranjeras. “Estoy seguro de que las experiencias de Occidente en Iraq, Afganistán y Pakistán serán muy útiles para aprender que la intervención directa complica las cosas”, se permitió aconsejar Abu Bakr al Qirb, dirigiéndose a todo un hemisferio, atento a la dimensión global de lo que se juega en su pequeño país.

El diplomático árabe pareció entender mejor que nadie que las principales víctimas de la Guerra contra el Terrorismo son los países gobernados por musulmanes moderados, que deben elevar sus niveles de represión interna para satisfacer las expectativas de los cruzados. Esa represión les quita legitimidad, por lo que se vuelven aún más dependientes del apoyo de Occidente para mantenerse en el poder. Lo cual a su vez genera más apoyo para la insurgencia.

En Iraq. En Afganistán. En Pakistán. En Jordania, Cisjordania, Egipto, Arabia Saudita, Kuwait y los Emiratos. En el cuerno de Africa. Una guerra que a medida que se expande dificulta cualquier acuerdo con Siria, Irán y la Autoridad Palestina, tensa la cuerda en Cachemira y moviliza el fervor islamista en el Borneo y el Magreb, propagando a lo ancho del planeta la violencia que surge de la dialéctica terrorista-contraterrorista.

Mientras tanto Estados Unidos y Europa se aíslan y se encierran, presas de una xenofobia obsesiva y paranoide que arrasa con los derechos y libertades que dieron vida a los textos fundacionales de saus democracias liberales. Así generan contradicciones difíciles de explicar, que a su vez alimentan más actos de terrorismo contra un orden que desde muchos rincones del mundo aparece cada vez más como hipócrita, sanguinario y explotador.

¿Y dónde está Bin Laden? Resulta casi imposible creer que este multimillonario líder de la red terrorista más sofisticada y global de la historia no tenga acceso a un teléfono celular para sacarse una foto, subirla a Internet y hacer temblar al mundo. Desde hace ya largos años que sólo aparece en audios cuya veracidad certifican supuestos expertos de la CIA, los primeros interesados en mantener viva la amenaza, ya que sus trabajos dependen de ella. Y todos los meses aparece muerto un “número dos” de Al Qaida en tal o cual país, alguien que antes nadie conocía, cuya muerte vendría a representar un gran triunfo para las fuerzas del bien. Hay demasiada inteligencia, contrainteligencia y recontrainteligencia dando vueltas como para poder saber lo que está pasando. Salvo que estamos en guerra, que la guerra se extiende y que algún día puede llegar (o volver) acá.

¿Así que ahora el eje del mal pasa por Yemen? ¿Así que bla bla bla, bla bla bla, y todos a Yemen porque se acaba el mundo? Ufa, esa película ya la vi. Cambia el paisaje, cambian los villanos, pero el guión se repite como un disco rayado:

Saigon, shit. Charlie don’t surf. Apocalypse now. The horror, the horror…

10 Enero 2010  Cubadebate

servido por aran sin comentarios compártelo


Sobre mí

Avatar de aran

La casualidad favorece a las mentes entrenadas

ver perfil »
contacto »
Revisando un poco este caos de blog me he dado cuenta de que no hay ni hilo conductor ni na de na que de sentido... Pero me gusta tener un sitio donde colgar cosas que voy viendo por ahí para tenerlas localizadas. Sin más.

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?