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La Coctelera

La casualidad favorece a las mentes entrenadas

La casualidad favorece a las mentes entrenadas

5 Marzo 2009

LOS AMOS DEL MUNDO

Impresionante artículo de Pérez-Reverte publicado en ‘El Semanal XL' el 15-11-1998 (hace más de diez años!)

"Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.."

LOS AMOS DEL MUNDO

Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla antro del computador, su futuro y el de sus hijos.

Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.

Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management , y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.

Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.

No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.

Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia.

Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.

Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.

Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, ¡oh, prodigio!, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.

Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros. Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda..

Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con su puesto de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.

Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.

 

Y otro muy bueno de hace poquito.

 

Gilisoluciones para una crisis

ARTURO PÉREZ-REVERTE | XLSemanal | 20 de Octubre de 2008

El diccionario de la Real define la palabra gilipollas como tonto, o lelo. Es buena definición, pero a mi juicio le falta un matiz. Yo lo definiría como tonto, lelo, con un punto de pretenciosidad o alegre estupidez. Esa distinción es importante, a mi juicio. Pongo un ejemplo casual como la vida misma: no es igual, como dirían en mi tierra, un tonto a secas que un tontolpijo. El tonto es tonto, y no da más de sí. En Aragón, verbigracia, el tontolhaba no es más que un cenutrio elemental, querido Watson. Un tonto de infantería. Sin embargo, en Cartagena o Murcia el tontolpijo es un tonto con maneras de otra cosa. Un tonto ligeramente cualificado, o con ínfulas de ello. Entre uno y otro podríamos situar también al tontolculo y al tontolnabo, que son especies intermedias pero más bien bajunas. Tirando a cutre, vamos. La joya de la corona, sin discusión, es el tontolpijo. Ése se sitúa por mérito propio en la parte alta del escalafón. En esencia, el tontolpijo es un tonto que suele dárselas de listo. Que no se entera de lo tonto que es, y encima se cree divino de la muerte. Un capullín puesto de perfil, o sea. Sabidillo y frivolón al mismo tiempo, con pujos de cantamañanas. Un tonto al que a menudo podríamos definir como políticamente correcto. O sea: un gilipollas.

Toda esta amena reflexión filológica proviene de la lectura de los suplementos dominicales y revistas de hace un par de semanas. Estaba en ello cuando me topé con algunos reportajes que coincidían en materia: consejos para las familias a la hora de plantearse la cocina en tiempos de crisis. En vista de la que va a caer, era la idea, hay que apretarse el cinturón, renunciar a caprichos gastronómicos y buscar menús domésticos baratos y sencillitos, poco gravosos para el bolsillo. Para echar una mano a las economías familiares, esos reportajes coincidían en proponer platos adecuados para tiempos de incertidumbre como los que tenemos encima. Cositas sencillas, vamos. De diario. Para ir tirando.

Una receta de pescado, por ejemplo, sugería cómo lograr el sabor de la vieira, que es cara, con productos más accesibles: 150 gramos de merluza, 150 de rape, 150 de congrio y 150 de mero. Tal cual. Todo eso puesto dentro de conchas de vieira, por aquello de que comemos tanto con los ojos como con la boca. Frente a este delicioso modo de hacer frente al despilfarro doméstico, el consejo de otra revista para remontar la crisis con el estómago lleno y sin complejos tampoco tenía desperdicio: tosta de hígado de raya. Procurando, eso sí, que las cebolletas estén limpias y picadas muy finas y que las rebanadas de pan sean el doble de largas que de anchas -después de todo, la miseria no está reñida con la estética-, y que el aceite, a ser posible, sea de oliva virgen. La calidad y el amor a los suyos, oiga, aconsejan ese pequeño sacrificio. Al final, lo simple aburre, y lo barato siempre sale caro. Dicen.

Ahí van otras sugerencias -divertidas, es el inevitable adjetivo- para jalar en condiciones sin que la economía familiar se resienta mucho: mero con cuscús, pechugas en escabeche de Módena, cerdo relleno de grumelos, sardina pertrechada con vinagreta de tomate en caliente. Etcétera. Por supuesto, los procedimientos cuentan. Nada de despachar el género con vuelta y vuelta y un sofrito guarro de tomate enlatado, o recurrir a la ordinariez de pasta, garbanzos, arroz, puré, acelgas o tortilla de patatas. La palabra crisis, el estar tieso como la mojama, no pueden ser pretextos para la vulgaridad a la hora de ponerse a la mesa. Nunca en España, por Dios. Un simple mejillón hervido con chorro de limón es intolerable por mucho que se desplome la bolsa. Lo importante es añadir tabasco a la cebolla y el tomate sin olvidar tomillo, perejil y laurel, todo bien picadito. Y en cuanto rompa a hervir el huevo, rectificar el punto de sazón e incorporar los mejillones. Por supuesto, dando un hervor al conjunto.

Así que ya lo saben. No hay crisis incompatible con un estómago lleno, ni con el glamour de una mesa que firmarían Arzac o Ferrán Adrià. Con talento y buen ojo, todo es posible en Granada. La señora o el caballero llegan a casa, por ejemplo, después de pasar la mañana en la cola del paro o buscándose la vida con su navaja en una esquina, y con una simple lata de berberechos y los consejos de cualquier revista pueden despertar la admiración de su familia, y de paso subirse unos puntos la autoestima, cocinando, sin ir más lejos, unas almejas deconstruidas al aroma de esturión con cebollas glaseadas a la roteña con guarnición de arroz de Calasparra travestido a lo salvaje del Orinoco. Por lo menos. Así que, por mucha crisis que haya o vaya a haber -además, el Gobierno ya prepara eficaces medidas para cuando la crisis pase y sigamos siendo el pasmo de Europa-, no se disminuya, amigo. Igual hay quien lo llama gilipollas. O si es de Murcia, tontolpijo. Pero tranquilo. Si los perros ladran, es que cabalgamos. Coma usted barato, original y caliente. Sobre todo, divertido. Fashion. Y ríase la gente.

servido por aran 2 comentarios compártelo

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Jesús

Jesús dijo

Desgraciadamente, la inmensa mayoría de los Mariano Sánchez y las cajeras de los Pryca de ahora, se creen a pies juntillas todo lo que sale de la caja lista y no alcanzan a distinguir que la crisis de los especuladores (esa que los manda al paro o les recorta la jornada y siempre les merma el sueldo, los derechos y la libertad) no tiene nada que ver con la vida real... lo llevo diciendo desde que empezó la campaña totalmediática questamosencrisisissssss!!! Pero cuando lo comentas con la gente de a pie, como yo mismo, percibes una mirada vacua y una incomprensión en tu interlocutor que te mira como sin pensar en nada o a lo sumo diciéndose que eres un idealista trasnochado... Y lo peor de todo es que esos poquitos que se piensan tal cosa, igual hasta aciertan... Lo que está claro es que este sistema se ha dejado ver el culo. Que no funcionaba, salvo para unos pocos, ya se sabía. Pero en momentos como este, simplemente se han descuidado y se les han ido la avaricia y el egoismo de las manos... Y ahora la solución es guardar sus dineritos debajo de la baldosa (eso que tanto se ha criticado de los viejecitos de los pueblos, incultos ellos, analfabetos ellos, atrasados ellos...) y dejar que el desaguisado se arregle con los fondos públicos, es decir, con el dinero que sale de los impuestos de los demas. Porque ellos, esos hijos de la gran puta que dice Reverte, no pagan nunca nada. Nada. Por mucho que la propaganda de quien sea diga lo contrario. No pagan nada. Con el actual sistema tributario con escasísima progresividad y tope por arriba demasiado bajo, la carga se reparte entre los de siempre: los de la clase media que vienen a ser los que superan ligeramente la barrera del mileurismo. Por abajo sólo se recibe, y por encima sólo se escaquea... Empezó tiempo ha, cuando el primer gobierno socialista, allá por los tiempos del ínclito González, eliminó el tipo del 33% de IVA que se aplicaba a los artículos de lujo: yates, joyas y vehículos de altísima cilindrada. Luego vinieron los recortes en el porcentaje de los tramos altos del IRPF, la práctica desaparición del impuesto sobre el Patrimonio, las rebajas en el Impuesto de Sociedades, las deducciones por aportaciones a los Fastos y Fanfarrias que en España han sido (léanse Juegos Olímpicos, Expos, Cartujas, Mundiales, Capitalidades Culturales, financiación "legal" de campañas electorales y funcionamiento de partidos "democráticos", etc. etc...) Con estos últimos datos sólo intento transmitir que me da igual quien ostente el poder en cada momento. Un partido de derechas no es mas reaccionario ni mas liberal económicamente que otro de izquierdas. Simplemente lo muestra con mas descaro. Porque los dirigentes, sean del color que sean, siempre quieren dirigir y no que los dirijan que es lo que deberían hacer. Dejarse guiar por la opinión de quienes los han encumbrado. Pero se nos olvida que las clases políticas son un invento de ellos. En realidad no existen ni existirán. Sólo existen las clases sociales. Los de arriba y los de abajo (y con suerte los de enmedio) Y no sé si se debe simplemente a la naturaleza humana, pero siempre el que está mas arriba pisa al que está debajo, y se apoya con fuerza para seguir subiendo... Lo triste es cuando el de abajo, además, empuja, aplaude y se resigna si el de arriba se hace el muerto y pide que empuje mas aún, sin darse cuenta de que le están engañando, explotando, utilizando, vejando y dandoporculo... Así nos va.

6 Marzo 2009 | 09:33 AM

Aran

Aran dijo

Joder padre, que razón tienes! Y que bien contado, si señor! Tanta sociología estudiada para que me des mil vueltas en un segundo, jajaja.
Eres mi ídolo!

7 Marzo 2009 | 11:16 PM

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Revisando un poco este caos de blog me he dado cuenta de que no hay ni hilo conductor ni na de na que de sentido... Pero me gusta tener un sitio donde colgar cosas que voy viendo por ahí para tenerlas localizadas. Sin más.

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