Cronica de la victoria del Frente
| La celebración del comandante Funes |
| Martes, 17 de Marzo de 2009 17:00 |
| En una noche histórica, quienes votaron por el candidato del FMLN dejaron claro qué quieren y qué no les gusta. El coordinador general desentonó tanto que casi le piden la salida, y Funes anunció a la multitud un gobierno para todos.
Por Daniel Valencia |

Medardo González, el coordinador general del FMLN, fue escupido por una corriente roja que clamaba por otra persona. Lucía aturdido, como desorientado, y deambuló algunos segundos por la tarima, con la mirada clavada en las tablas bajo sus pies, y sin pronunciar una palabra más. El micrófono, en sus manos, seguía encendido. Eran las 11 de la noche del domingo 15 de marzo y sobre el redondel Masferrer lloviznaba, pero sobre el dirigente político terminaron permeando más los improperios que se atrevían a lanzarle algunos desde el público que las gotas de agua que empañaban sus lentes. Vencido, González se alejó de la orilla de la tarima gritando "Viva el Frente" y se refugió junto al resto de dirigentes del partido. "¡Que viva!", le respondieron desde abajo, como tratando de apurar ese episodio y entonces exigieron aquello por lo que habían llegado: "¡Queremos a Funes!"
Tres horas antes, Sigfrido Reyes, el secretario de comunicaciones del partido, proclamó solo, ante la prensa nacional e internacional, un triunfo histórico. Dijo hablar en nombre de la comandancia general y proclamó ganador a un candidato que ya tenía elaborado su discurso, y que esperaba el momento más oportuno para pronunciarlo desde otro hotel. Reyes, que se tuvo que conformar con el abrazo de observadores internacionales conocidos suyos, llamó a la población para que celebraran la conquista del partido en el redondel, "en la plaza de la bandera". En su breve discurso de proclamación, sin embargo, nunca mencionó el nombre que propició un crecimiento del FMLN de más de 500 mil votos, y que hablaría más tarde para declararse vencedor.
Ese domingo 15, la celebración de los rojos había comenzado a las 5 de la tarde, hora en que los centros de votación del país cerraron sus puertas. Sobre la calle San Antonio Abad, los pitos de los carros se apoderaron del ambiente, grupos de jóvenes gritaban el nombre de su candidato y en el centro escolar Francisco Morazán, ese donde votaron Antonio Saca y Salvador Sánchez Cerén, el presidente de la junta receptora de votos número 579, no dejaba de decir "Frente...", "Frente...", "Frente..." a medida que iban sacando de la urna las boletas. Y cuando aparecían aquellas hojas marcadas a favor del partido Arena, el hombre bromeaba: "Vaya, estas las voy a sacar cantadas para que levantemos los ánimos: ¡Aaaarena!" Todos reían. Afuera, sin embargo, los pocos activistas del partido Arena que quedaban y que todavía no habían desmantelado sus puestos y canopis tenían cara de funeral. A esa hora, el cielo de San Salvador se vistió de gris y amenazó con llorar.
La lluvia llegó más tarde. "Con esta lluvia, diosito está mandando un mensaje: está limpiando la corrupción de estos 20 años de Arena", decía una de las animadoras, tratando de congraciarse con la muchedumbre desde la tarima en la que, minutos antes, González no había acertado a entusiasmar a las masas con su discurso en un momento histórico. La gente comenzaba a pedir con más insistencia a su estrella. Mauricio Funes ya hacía más de dos horas se había declarado ganador en un hotel, pero todavía no aparecía en el redondel. "Diosito está limpiando la corrupción de San Salvador", repitió la animadora. "¡Ya lo dijiste! ¡Callate! ¡Queremos a Funes!", le gritaban desde abajo.
El hastío había llegado hacía más de media hora. A las 10:30 ya nadie quería seguir bailando. Ya estaban satisfechos con el espectáculo que "Un canto por la paz", la banda oficial de campaña, les brindó durante casi una hora. La gente quería a su candidato, a su presidente electo, a su ídolo. Pero este no llegaba y la dirección del partido quiso entretenerlos con otra gente, con otros discursos y con caras desconocidas para ellos.
Y entonces, a las 10:36 p.m., apareció el vicepresidente electo, Salvador Sánchez Cerén, acompañado de su esposa, Margarita, y de una sonrisa que le cruzaba todo el rostro. Sánchez Cerén recibió gritos de apoyo y se apartó. Y luego presentaron a Francis Hato Hasbún, el creador de Mauricio Funes candidato, pero apenas y le aplaudieron, aunque más tarde, un grupo de gente, desde la llanura, le reconocería su aporte gritando "¡Hato, Hato, Hato!" La noche seguía y Funes no aparecía. Pasaron otros 10 minutos y apareció Roberto Lorenzana, "¡el coordinador de campaña!", gritaban los animadores, seguido de la diputada Zoila Quijada y de la alcaldesa Violeta Menjívar, que recibió una ovación con la que recuperó la tranquilidad que perdió el 18 de enero, cuando cayó derrotada ante Norman Quijano, de Arena.

Sigfrido Reyes llegó a las 11:03 de la noche, enfundado en un chaleco rojo y justo cuando a unos tres kilómetros hacia el oriente, el candidato perdedor, Rodrigo Ávila, señalaba ante sus llorosos seguidores que la elección no se había decidido por gran diferencia de votos. La banda, que todavía tenía unos acordes guardados, seguía tocando y Sigfrido ingresó a la tarima mostrando sus dotes de bailador y levantando ambos brazos. Aplausos. Entonces uno de los animadores de la velada interrumpió el show y anunció: "¡Ávila está aceptando la cachimbeada que le pegó Mauricio!", con lo que un grito triunfador se apoderó del lugar. Y Mauricio no aparecía, y la gente cantaba "el pueblo, unido, jamás será vencido".
De todas las figuras que aparecieron sobre la tarima, el único al que no presentaron inmediatamente fue al alcalde tecleño Óscar Ortiz, el hombre que acompañó a Funes en las últimas dos semanas de campaña y que había quedado marcado dentro del partido después que intentó fallidamente ganar la dirección efemelenista ante la corriente más conservadora del partido. El alcalde, que apenas y fue visto por unos cuantos de las primeras filas, se quedó paradito en una esquina, aplaudiendo, como un personaje de segunda. Unos minutos más tarde salió del discreto segundo plano y tuvo su momento cuando aparecieron los Amigos de Mauricio. Ortiz recibió una ovación, fue más aplaudido que el mismo coordinador general y que gente como Sigfrido Reyes. "¡Ortiz, Ortiz, Ortiz!", gritaban.
Detrás de Ortiz, unas 200 personas ponían a prueba la espalda plana de madera de un furgón que se tambaleaba de tanto salto. De los árboles que estaban frente a ellos, colgaban cabezas y brazos que cargaban banderas rojas. Desde una de las vencidas ramas de un laurel de la india, un hombre, al que apenas se le miraba el rostro, hacía sangrar a su tambor. Y Funes no aparecía. Entonces surgió Tomás Chévez, el ex candidato presidencial del PCN que en el día de cierre de campaña del FMLN cometió el error de exclamar al estilo arenero "¡presente por la patria!". A Chévez le agradecieron que se hubiera unido a Funes y entonces subió Napoleón Duarte, a quien despidieron gritándole, hastiados, "¡Adiós!", mientras acompañaban la expresión moviendo las manos de un lado a otro. Luego apareció, saludando, el ex futbolista Jaime "la Chelona" Rodríguez y, por último, a las 11:21, Milton, seudónimo de guerra de Medardo González.
"¡A la puta!", grito un intrépido. "¡queremos a Funes!". "Nos acaban de informar que Funes está en camino", respondían, de nuevo, los animadores. Y entonces cayeron más gotas de agua y la gente se impacientó más. En respuesta, de los parlantes se escuchó un rugido: "¡Revolución o muerte venceremos...!", a lo que le siguió un mar de sirenas que cantaban el himno del partido a una sola voz. Después vino el himno de El Salvador, que fue gritado, y después Medardo se equivocó en un día histórico.
Dos horas antes de las palabra de Medardo, Funes había pronunciado desde el hotel Presidente la primera parte de un discurso que quedará registrado en la historia del país como un llamado a la unidad. Y lejos de hablar de revanchismos, el presidente electo le tendió la mano a su adversario político: "Saludo a mis adversarios con respeto y les externo mi disposición al intercambio permanente de ideas", dijo. "Arena debe tener la seguridad de que será respetada y escuchada".
Medardo González estuvo en esa conferencia, a la par de Funes pero al parecer no entendió el mensaje. Y desde el redondel Masferrer, pronunció un discurso de cinco minutos que sonó desfasado. "¡Se ha terminado de una vez por todas la dictadura de Arena!", dijo González, quien luego calló 22 segundos, mientras la gente le mostraba que no estaban en mucha sintonía: "¡Que hablé Sánchez Cerén! ¡Queremos a Funes!", pedían.
"Estamos nosotros en nuestro país, en El Salvador, iniciando un segundo momento de revolución. Un segundo momento de la construcción de la democracia en nuestro país. Que se terminen los madrugones, que se termine la persecución de los opositores contra el régimen de turno", añadió González, que luego contó del asesinato de dos jóvenes y de un líder del PCN en los días previos a la elección, que según dijo apoyaban al partido. "¡Por lo tanto, que no me hablen a mí y que no nos hablen a nosotros de que vivíamos en democracia en El Salvador cuando se asesinaba a los opositores políticos que ponían en peligro sus privilegios! ¡Fuera Arena del gobierno, fuera Saca!", gritó a una multitud que no era homogénea, y mientras unos comenzaron a gritar "¡Fuera corruptos!", otros, la mayoría, pedían paciencia y clamaban por el mensaje de su presidente.
Salvador Sánchez Cerén lo entendió muy bien y sólo habó tres minutos, para agradecer a su militancia, al partido, a los países amigos, incluida la "república bolivariana de Venezuela" y para dejar a su base, con su nuevo líder, con su nuevo comandante de la posguerra. "Quiero decirles que el partido contendiente, el partido Arena, reconoció la derrota. Hay que reconocerle por nuestros hijos, por nuestros padres, estamos en al obligación de gobernar con todo el pueblo y para todo el pueblo. ¡Viva Mauricio Funes!", cerró, plegándose más a las palabras de mano tendida de Funes que a las de Medardo.

Y entonces, finalmente, a las 11:48 apareció el presidente electo, de la mano de su esposa, quien vestía una camiseta blanca con la leyenda "el triunfo es de todos". Y entonces la gente celebró los 53 segundos más felices de sus vidas, mientras su líder, junto a ellos, guardó silencio y solo sonreía y levantaba los brazos en señal de victoria.
"Hoy puedo decir con propiedad, compatriotas, conciudadanos, pueblo salvadoreño: ¡lo logramos, amigos y amigas! ¡Lo lograron ustedes! Compañeros, compañeras: ¿quién dijo miedo?"
La multitud, en respuesta, le respondió: "¡El pueblo, unido, jamás será vencido!" Y mientras algunos en el público todavía pedían revanchismos, pedían castigar con látigo de hierro a los "corruptos", su nuevo comandante los aquietó: "Quiero lanzar un mensaje de reconciliación y un mensaje de unidad. Felicito al pueblo salvadoreño. Esta es la victoria de todos y de todas que creemos en la democracia".
Funes agradeció, luego, a la dirigencia del FMLN, a la dirigencia del partido, al movimiento ciudadano que impulsó su candidatura, a los aliados del Cambio Democrático, del PDC, del PCN, a los movimientos que le apoyaron y al equipo que asesoró su campaña en la recta final.
"¡Quiero enviar un mensaje a nuestros adversarios políticos, quiero decirle desde esta tribuna al partido Arena, a sus militantes, a sus dirigentes, a sus candidatos: gobernemos juntos, hagamos posible un gobierno de unidad nacional! ¡Amigos y amigas: no es momento de rencores! ¡Hay que ser magnánimo en la victoria. No es momento de venganzas"!, dijo Funes. Y entonces todos, con disciplina, le aplaudieron.
14 minutos más tarde, poco después de la medianoche, un mar de gente se despidió de Funes. Familias enteras lloraban de felicidad y se abrazaban los unos con los otros. Otros, con botellas de cerveza en la mano, también lloraban y decían recordar a los hermanos que perdieron en la guerra. A la 1 de la mañana, la plaza, que celebró junto a su líder, comenzó a vaciarse. Pero todavía se quedaron ahí cientos de personas, bailando y cantando junto a la orquesta.
(De El Faro.net)
