"Las afganas cautivas bajo el burka son, en el diccionario del cooperante, víctimas sexy. Los presupuestos caritativos son limitados y los gustos del consumidor misericordioso son volubles y caprichosos. Para obtener fondos, las ONG necesitan ofrecer a gobernantes y electores productos piadosos innovadores a los que aferrarse. Y el artículo por excelencia con el que comercian las agencias benefactoras son las víctimas. <Victimas sexy> define las categorías de desgraciados a los que está en boga auxiliar. Refugiados, heridos de guerra y desnutridos estuvieron de moda en los setenta y los ochenta, sin embargo, su estrella ya pasó. Afganas a parte, los desdichados más sexy del nuevo milenio son: adolescentes soldados de Liberia, infectados de sida sudafricanos, amputados de Sierra Leona, ancianos con trauma posbélico del conflicto de Yugoslavia, niños de la calle brasileños, rumanas desesperadas atrabadas en redes de prostitución, chicos ruandesdes deparados de sus familias, criaturas indias apadrinables, jóvenes tailandesas presas del turismo sexual y niñas chinas abandonadas en hospicios tenebrosos.

Estas actitudes y antojos nos permiten fabricar mártires a medida de las tendencias compasivas.Pero cambia la forma sin cambiar el fondo. Modificamos el envoltorio altiempo que perpetuamos el prototipo de sacrificado ideal que se adapta a nuestro gusto y alimentamos la leyenda de su santidad. Aunque varíen las modas y la terminología, el sufriente, sexy o no sexy, sigue siendo, por decreto, vulnerable, inocente e inferior. En nuestra película particular, almas primitivas y analfabetas son salvadas por altruistas profesionales de diseño que renuncian a todo lo cercano para atender al próximo lejano. En otras palabras: los denigramos a ellos para ensalzarnos a nosotros mismos"

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"Resulta paradójico comprobar que los ejércitos han humanitarizado su aspecto deshumanizando el discurso y las imágenes. En las hostilidades del siglo XXI los muertos civiles ya no se ven; de hecho ni siquiera se llaman muertos sino daños colaterales. Los enfrentamientos han sido reducidos a vídeos oscuros surcados por estelas verdes, grabaciones satélite grises con un edificio imposible de identificar seguido de una explosión certera, cazas de combate que despegan de un portaaviones en paradero desconocido. La censura y la fata de libertad de expfresión e información son feroces. Los generales controlan las malas noticias de cuatro maneras: restringen el acceso a ellas amparándose en la seguridad nacional y el secreto de Estado, las describen como un incidente aislado, las filtran poco a poco para paliar su efecto negativo e higienizan las expresiones. El elnguaje castrense del tercer milenio es un monumento al cinismo: Zona de acción en vez de campo de batalla, intervención especial en lugar de asalto, contacto es más hipócrita que tiroteo, baja por fuego amigo para no admitir abatido por su propio ejército, situación fluida suena mejor que caótica, dígase neutralizado no asesinado. Es ele resultado del efecto Walt Disney, una lavadora infantil que esteriliza la realidad para darnos la sensación de que la guerra es algo limpio, tecnoógico, aséptico y hasta estético."

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"Operación Anaconda, Justicia Infinita, Furia Urgente, Devolver la Esperanza, Libertad Duradera, Mantener la Democracia, Turquesa, Mantis Religiosa, Causa Justa. ¿Quien está detrás de semejantes nombres? A menudo me he preguntado qué rebuscada mente bautiza una maniobra militar y con qué criterios. ¿Es algo que se le ocurre a un general en la ducha matinal? ¿Es por ventura del resultado de un elaborado estudio de mercado sobre las preferencias del público y la prensa en materia de invasiones? ¿Tienen los ministerios de defensa un departamento dedicado en exclusiva a cavilar eslóganes altisonantes, o se subcontrata a las mismas agencias que nos venden coches y detergentes?"

Jordi Raich. (Desde 1986 trabaja como coordinador de proyectos, evaluador, investigador y consultor en epidemias, terremotos, hambrunas y guerras. Ha trabajado en más de veinte países y ha viajado por un centenar de ellos).